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viernes, 20 de marzo de 2015

Iglesia Católica denunció la explotación minera irracional y vulneración de DDHH




Washington, EEUU, 20 de marzo 2015 (Signis ALC).-

 La Iglesia católica Latinoamericana denunció la "expansión acelerada" de las actividades extractivas, de forma irracional, que afectan "negativamente" al medio ambiente y a las poblaciones.  Así manifestó Monseñor Alvaro Ramazzini, Obispo de Huehuetenango y Presidente de la Pastoral Social de la Conferencia Episcopal de Guatemala, al exponer las preocupaciones de la Iglesia, ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, CIDH, en el marco del 154 período de sesiones y las audiencias públicas de la CIDH.
En su intervención, el obispo guatemalteco responsabilizó de esta actividad irracional a los estados, las empresas nacionales, transnacionalesque desarrollan sus actividades al margen de los estándares sociales y ambientales y que afectan gravemente las fuentes de agua. "Podemos vivir sin el oro, o la plata o el petroleo, pero la vida de los seres humanos y el equilibrio del medio ambiente son más importante que la explotación de los metales", dijo.
Denunció también que "hasta hoy, ni gobiernos nacionales, ni comunidad internacional han hecho lo suficiente para detener la deforestación, la contaminación de los ríos, la depredación de las especies y la grave vulneración de los derechos y estilos de vida de los pueblos indígenas" que  viven en la amazonía.
De igual manera, expresó la enorme preocupación de la Iglesia por "la criminalización de las y los defensores de los pueblos indígenas y del medio ambiente. Esto va desde ataques personales y calumnias, hasta hostigamientos, procesos judiciales, amenazas de muerte, atentados y asesinatos", dijo.

Aquí la exposición íntegra de Monseñor Alvaro Ramazzini, ante los comisionados de la CIDH. (Audio de la exposición de la Iglesia ante la CIDH)
"Desde la Iglesia constatamos que es cierto que desde las industrias extractivas generan importantes recursos económicos para nuestros países, pero también es cierto que hay ahora una expansión acelerada de estas industrias, sea formales, como informales, y una explotación irracional que está impactando negativamente el medio ambiente de las poblaciones aledañas, afectando sobre todo el derecho al uso del agua, con consecuencias negativas para la salud de las personas. En esa situación hay una corresponsabilidad de los estados, tanto de los estados en donde se actúa con la explotación de estas indutrias extractivas, como de los estados que con sus empresas actúan fuera de sus territorios, como es el caso de EEUU, Canadá y otros.
Vemos también con preocupación que las instituciones financieras y las empresas transnacionales involucradas en este tipo de industrias se hacen fuertes, al punto de subordinar las economías locales y debilitar a los propios estados. El Consejo Episcopal Latinoamericano ha denunciado que en ciertos casos se ha dado un comportamiento irresponsable de las empresas transnacionales porque en el desarrollo de sus actividades extractivas no se rigen por los estándares sociales y ambientales reconocidos internacionalmente, mientras que muchos estados nacionales permanecen indiferentes o pasivos frente a estas prácticas indebidas.
En algunos estados que han ratificado el convenio 169 de la OIT, dicho convenio no se cumple, y origina así conflictos en las comunidades indígenas. Muchas veces las industrias extractivas internacionales no respetan los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales de las comunidades locales. La preservación de la naturaleza se subordina al desarrollo económico; la calidad de vida, tanto de las personas, como de los animales y plantas, se sacrifica por la contaminación producida por las explotaciones mineras y de hidrocarburos.
Generalmente las industrias extractivas que no manejan correctamente el recurso hídrico, afectan el derecho humano al agua, como un bien público y necesario. Podemos vivir sin el oro, o la plata o el petroleo, pero la vida de los seres humanos y el equilibrio del medio ambiente son más importante que la explotación de los metales.
Estamos convencidos que es necesario lograr un equilibrio entre la protección y cuidado del medio ambiente y el desarrollo económico. Hemos descuidado este bien precioso que es el medio ambiente y así hemos olvidado la gravísima responsabilidad de cuidar el planeta para que las futuras generaciones lo encuentren en mejores condiciones. Esa es un asunto de justicia transgeneracional. No se debe aceptar que la riquezaa material actual sea la causa de la pobreza de las futuras generaciones.
Para afrontar debidamente seta responsabilidad es necesario tomar en cuenta los componentes de un autentico desarrollo humano integral, no solamente económico: componentes como la sostenibilidad, la inclusión social de los más empobrecidos, la regulación y la máxima reducción de los efectos negativos sobre el medio ambiente. La Doctrina Social de la Iglesia enfatiza que una correcta concepción de medio ambiente no puede reducir utilitariamente la naturaleza a un mero objeto de manipulación y expltación , por el contrario la intervención del ser humano en la naturaleza debe regirse por principios éticos, tales como el respeto a las otras personas y a sus derechos, y el respeto hacia las demás criaturas vivientes. No somos los dueños de la creación, somos sus guardianes y administradores y desde hace tiempo la Iglesia católica viene advirtiendo sobre los impactos que a nivel global pueden causar la contaminación y la explotación desmedida de los bienes naturales. El santo papa Juan Pablo II , el papa Benedicto XVI han exhortado para que tomemos en cuenta que estamos delante de una crisis ecológica, en el sentido no solo de la palabra, sino económica y humana. Una adecuada administración de la casa común, que es el mundo entero.
Por eso, ningún gobierno puede actuar al margen de una responsabilidad común. Buscar una sana compatibilidad entre la sostenibilidad y la prosperidad de las comunidades, tanto en las zonas rurales como urbanas, por medio de medidas legislativas y normativas, es un reto al cual los estados debes, poniéndose de acuerdo, buscar consensos, para reducir la pobreza y las amenazas a la vida y medios de subsistencia de los más pobres y desfavorecidos.
¿Quienes son los más pobres? Los más pobres entre los pobres son los pueblos indígenas, quienes se ven afectados por la degradación y contaminación del ambiente. Una situación particular que nos preocupa es el de la amazonía. Hasta hoy, ni gobiernos nacionales, ni comunidad internacional han hecho lo suficiente para detener la deforestación, la contaminación de los ríos, la depredación de las especies y la grave vulneración de los derechos y estilos de vida de los pueblos indígenas que ahí viven ancestralemente. Queremos ratificar nuestro compromiso con la amzanía, plasmado ahora en la creación de la Red Eclesial Pan Amazónica. Este compromiso nace de las opciones que hemos hecho los obispos en América Latina, de acuerdo al evangelio de Nuestro Señor Jesucristo, de acuerdo a los compromisos tomados en las cinco conferencias generales del episcopado latinoamericano y de l Caribe y como resultado de oír el clamor de los pueblos excluidos y marginados. No vamos a quedar indiferentes ante este grito, por eso también quiero recalcar lo que ha dicho el arzobispo Barreto al señalar que nos preocupa en este momento grandemente la criminalización de las y los defensores de los pueblos indígenas y del medio ambiente. Esto va desde ataques personales y calumnias, hasta hostigamientos, procesos judiciales, amenazas de muerte, atentados y asesinatos.
En este momento hay una criminalización de la protesta social, aún cuando sea justa y legitima. Finalmente, honorables comisionados, en el marco de la separación de la iglesia católica y estado, consideramos que debemos juntos buscar, estados nacionales, empresas nacionales, la sociedad civil y la comunidad internacional otros modelos alternativos y sostenibles del desarrollo económico y a la explotación de los recursos naturales".
 
 Redacción, Signis ALC

viernes, 13 de marzo de 2015

7 motivos para reconocer a Oscar Romero como patrono de los comunicadores cristianos



Cuando ya está señalada la fecha de la beatificación del arzobispo de San Salvador, Mons. Oscar Romero, queremos fijarnos en una faceta de su vida que ha podido pasar más desapercibida. Queremos resaltar la dimensión comunicativa de su misión pastoral. Así proponemos a Oscar Romero, en el tiempo de la comunicación digital, como patrono de la comunicación cristiana. Siendo paradigma de la palabra del testimonio evangélico que adquiere una significativa dimensión de veracidad, de representación de los desfavorecidos, de coherencia vivida desde la gratuidad no interesada y de lucidez de orientación en los fines y en los medios en el fragor los conflictos violentos de la desigualdad.

1. Escuchar en el clamor de los pobres la voz de Dios
Sea por una conversión radical o por una evolución, como él mismo confesaba, los pobres se fueron transformando para Oscar Romero en el referente de su servicio episcopal. Ya en su etapa como obispo de Santiago de María y después como arzobispo de San Salvador descubrirá “que el pueblo es mi profeta”. La toma de contacto con la miseria, la escucha del sufrimiento, el asesinato de sus sacerdotes y de tanta gente le llevaron a esta opción preferente por los pobres. Antes de comunicador se convirtió en escuchador, en acompañador de su pueblo. Su palabra se fraguó tomando como punto de partida la realidad donde descubrió la presencia del Crucificado que le hablaba desde los hermanos más pequeños.
2. Comunicar con los pies descalzos y el Evangelio en la mano
Con los pies descalzos en la realidad de los pobres comprendió que el Evangelio de Jesucristo era su mensaje, como propuesta y como denuncia en tantas ocasiones. El posicionamiento político no era su punto de partida sino la Buena Noticia de Cristo paciente y sufriente pero también luchador contra el mal, provocador de la fraternidad y forjador de vida. Desde ahí asumía las consecuencias sociales y políticas que el Evangelio suponía en aquel hoy, aquí y ahora. Éste era el centro de su mensaje comunicativo.

3. Dando voz a los que no tienen voz
En la última parte de sus homilías en la catedral, que eran transmitidas radiofónicamente a todo el país, denunciaba los distintos abusos y asesinatos de la última semana. Allí su voz era prestada a un pueblo silenciado. Había comprendido que el clamor de su pueblo le usaba a él como altavoz. Eran las cartas recibidas de las víctimas o los relatos de sus sacerdotes compartidos en la mañana del sábado los que se enlazaban para pasarlos a su voz como instrumento de denuncia.
4. Con honestidad desde la fuerza en la debilidad
Quienes conocieron a Óscar Romero señalaban que era de natural tímido, más bien solitario, y de talante dubitativo. Esta forma de ser contrasta con la valentía de sus palabras, su disposición a acoger a tantos y la fuerza de sus decisiones. Esta distancia tenía que ver con la experiencia de gracia que le transformaba más allá de sus posibilidades. Como son testimonio sus diarios, el comunicador está sobrepasado por los acontecimientos pero procurar ser honesto y coherente con el momento y las personas que le toca acompañar, y se deja llevar por la voluntad de Dios.
5. La predicación como palabra comunitaria
Romero había dirigido revistas y hablado por radio desde los primero años de ministerio y también en su etapa como secretario de la Conferencia Episcopal Salvadoreña y de los obispos de América Central. Estaba hecho al estilo directo marcando orientación de fondo. En su última época como arzobispo era solicitado frecuentemente para dar entrevistas que habitualmente negaba. Sin embargo convirtió la homilía en el momento comunicativo. Un texto que preparaba en común, siguiendo la regla de sentir con la iglesia, y que después hacía suyo en oración y escritura. Ya no era solo su palabra sino la palabra de la iglesia y del pueblo. Una palabra pronunciada personalmente pero articulada comunitariamente.
6. La comunicación como bienaventuranza
En medio de la desolación su mensaje comunicativo era fuente de esperanza. Era consciente que la denuncia no bastaba. Que el Evangelio que llevaba en la mano era una fuerza de futuro. Consolar era una forma de abrir camino, trabajar por la paz ara una alternativa a la violencia, tener resonancia internacional era una protección frente a la represión política y militar. Por eso su mensaje era, en medio del desastre cada vez más radical, una fuente para soñar desde la fe en Jesucristo. Por eso fue para tantos la fuerza para poder resistir.
7. La palabra sellada
Fue la crónica de una muerte anunciada. Incluso tuvo conciencia que aquellos podían ser sus últimos días. Psicológicamente tenía experiencia de la angustia y espiritualmente de la determinación. Quienes le mataron quisieron eliminar su palabra y su figura, quisieron sellar su boca y su mensaje. La muerte de Romero precipitó el comienzo de la guerra cuando ya no quedaba ningún mediador. Sin embargo, su palabra sellada con su sangre ha sido más escuchada que nunca. Su voz sigue sonando y es la muestra de que la palabra auténtica fructifica más allá de lo que alcanzamos a ver.

jueves, 5 de febrero de 2015

Las tentaciones de la razón


En este ensayo polémico pero enemigo de dar escándalo el filósofo italiano Norberto Bobbio hace la defensa de una religiosidad de la duda que se opone a las respuestas certeras, las mismas que provienen de la religión. Las preguntas últimas, dice con inteligencia, no tienen respuesta; la fe no da con ellas pero es una buena puerta de escape. Estás páginas—una versión de la plática que Bobbio sostuvo con Paolo Flores D ‘Argais, director de la revista Micromega— nacen luego de la publicación de la “Carta a unos amigos sobre Fides et Ratio”, y que aquí mismo presentamos, donde Bobbio se sumerge en las relaciones, o mejor dicho, las distancias entre fe y razón.



Las tentaciones de la razón