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miércoles, 18 de marzo de 2015

La mutación de Aristegui o el cerebro detrás de la Casa Blanca



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La mutación de Aristegui o el cerebro detrás de la Casa Blanca
Por Wilbert Torre, cuaderno invitado
(Foto del autor: Rodrigo Marmolejo/Gatopardo)

Hace unos años, en una de esas discusiones al final de una fiesta donde directivos y colaboradores de la revista Proceso lanzaban sentencias como si se tratara de cuchillos, Julio Scherer miró a los ojos a la célebre conductora de radio sentada en medio de todos y le dijo:
–Carmen, perdóneme, pero usted no es periodista.
Aristegui, recuerdan algunos de los presentes, se ofendió muchísimo.
Reportero nato que llevó a territorios temerarios el juego periodístico de entrar y salir no siempre ileso de los pantanos del poder, Scherer creía tal vez que sentada detrás de un micrófono, Carmen no hacía periodismo. La veía quizá como una comentarista crítica y aguda, pero no como una periodista de cuerpo entero, como era él, un sabueso de todas partes a la caza de información, un hombre que desayunaba, comía y cenaba periodismo puro.
Un tiempo después, en febrero de 2011, Aristegui soltaba al aire una bomba: “No es la primera vez que se habla del presunto alcoholismo del presidente Calderón”, dijo al dar cuenta de una pancarta desplegada en la Cámara de Diputados.
Lo que ocurrió es conocido por todos: Los Vargas, propietarios de MVS, echaron a Aristegui despertando la sospecha de que su despido era una orden de Los Pinos.
En medio del escándalo, entre algunos periodistas independientes ocurrieron acalorados debates. Se preguntaban si era ético lanzar al aire una pregunta sin que mediara una investigación y pruebas mínimas de lo que se cuestionaba.
Al sembrar la pregunta aquel día en su programa, Aristegui tuvo el cuidado de advertir que no era posible corroborar si Calderón tenía problemas de alcoholismo. Pero se trataba de un tema delicado –dijo– y era necesario saber si era cierto.
Unos días más tarde, el escándalo de su despido y los señalamientos de que detrás se encontraba la Presidencia, provocaron algo inaudito: que Aristegui fuera reinstalada.
Cuatro años después, sentados en una sala de MVS en una entrevista para la revista Gatopardo, le dije a Aristegui que a mi parecer existía una diferencia abismal en su forma de hacer periodismo, entre un golpe sin pruebas como la denuncia del alcoholismo de Calderón y la investigación impecable, rigurosa, atestada de elementos que la llevó a destapar el escándalo de la Casa Blanca de 7 millones de dólares propiedad de la familia del presidente Peña. ¿Qué has debido ajustar y corregir en tu trabajo? ¿Has sido injusta o inexacta? Le pregunté.
—No diría que me equivoqué en un asunto específico. No pretendo vanagloriarme de no tener equivocaciones. Si dije un dato por otro, no tengo problema en corregir. Sobre lo sucedido con el ex presidente Calderón y una investigación cabal como la de La Casa Blanca, yo diría que ambos tienen su peso y significado y de ninguno me arrepiento. En ambos me sostengo en lo dicho y en lo hecho.
—¿Por qué te pareció pertinente llevar la denuncia del alcoholismo de Calderón a la mesa?
—Se había presentado un suceso noticioso en la Cámara. Pero hubo un sobredimensionamiento por un berrinche presidencial. De no haber sido sobredimensionado por un presidente que se sintió ofendido por una pregunta, hubiera quedado como un comentario editorial entre tantos otros que se hacen en la radio y la televisión. El caso de Calderón tomó una dimensión extraordinaria por tratarse de una reacción desmedida del poder presidencial frente a una interrogante que no fue afirmación, de una periodista que consideró y sigue considerando pertinente preguntar.
—¿Fue un abuso de poder?
—Me parece que sí. Desde luego un abuso de poder, una acción absolutamente indebida de Calderón que generó una reacción muy importante en el auditorio porque creó un estado de cosas que permitió lo imposible de imaginar, mi regreso a la radio después de haber salido como salí. Ese hecho insólito fue posible entre otras cosas por la propia valoración de MVS de cómo habían sucedido las cosas, de un hecho específico con una dimensión pequeña, para mí, un comentario editorial sobre un hecho noticioso que se sobredimensionó y convirtió aquello en un gran conflicto entre la Presidencia y un grupo empresarial. Se me pedía una disculpa que no estaba dispuesta a dar porque no debía disculparme por algo que sigo considerando pertinente, que es preguntarle al poder lo que sea. Puede ser antipático, pero si un periodista no puede preguntar algo derivado de un suceso donde participaron legisladores, donde la situación provocó que se suspendiera la actividad del Congreso, pues entonces estamos en serios problemas. Se convirtió en un caso donde el poder político disgustado con la periodista exigió algo inadmisible que era que se arrodillara para satisfacer el enojo presidencial.
Aristegui no contó en esa entrevista que en años recientes emprendió una serie de ajustes y correctivos que le permitieron mejorar en mucho su tarea periodística.
De ser una entrevistadora nata y una periodista crítica que destapaba escándalos y se atrevía a preguntar lo que la mayoría de periodistas no preguntaban, aunque con frecuencia lo hiciera sin elementos, Aristegui se encontró en un tiempo relativamente breve presentando periodismo de investigación. Su programa adquirió mayor rigor y contenido.
La clave de esa mutación tiene un nombre: Daniel Lizárraga, un reportero veterano y reservado, de talante sereno.
Muchos años fuimos vecinos de escritorio en el periódico Reforma. Lo veía llegar muy serio, saludar con esa sonrisa tímida que se asoma en medio de sus anteojos y sentarse a la computadora para escribir un texto. Escribía dos líneas y las borraba. Escribía el primer párrafo y lo borraba. Escribía la mitad de su nota y la borraba. Así podía pasar el tiempo hasta que caía la noche y Roberto Zamarripa, subdirector del diario, nuestro jefe, bajaba a su lugar para apresurarlo.
Esa aparente inseguridad y su asistencia a talleres con prestigiados periodistas de investigación detonó en Lizárraga quizá la mayor de sus virtudes: el rigor. Releer diez veces un documento. Desconfiar de sí mismo. Saber dónde y cómo encontrar información. Verificar, verificar y verificar, un ejercicio casi inexistente en el periodismo mexicano.
***
Un día de mayo de 2013 cuando hacía las compras en la Comercial Mexicana de San Jerónimo, Rafael Cabrera, un reportero de 30 años, vio en la revista Hola un reportaje sobre la imponente casa de la familia Peña. La leyó y pensó: “aquí puede haber algo”.
Un año después Cabrera entró al equipo de investigaciones de MVS liderado por Lizárraga. Unos días más tarde ambos presentaron a Aristegui el proyecto de investigación de la casa de Las Lomas. “Carmen peló los ojos –recuerda Cabrera– y dijo: esto es una bomba atómica”.
Cabrera y otro joven reportero, Irving Huerta, emprendieron una investigación de 8 meses. El cerebro detrás fue Lizárraga, que iluminó y guió sus pasos pidiéndoles indagar y confirmar; solicitó información al gobierno, interpuso amparos para liberar documentos negados y como un capitán se echó el equipo y el asunto a los hombros.
A lo largo del proceso el equipo presentaba reportes a Aristegui, que insistía en la importancia de verificar dos veces todo y no dejar una sola rendija suelta por donde se pudiera desacreditar la investigación. Al final, cuando estuvo todo listo, Carmen se sentó ante la computadora y escribió los tres primeros párrafos de la historia que a propuesta de Lizárraga fue bautizada como La Casa Blanca del presidente Enrique Peña Nieto.
***
Creo que el ciclo de Aristegui en MVS –terminé de escribir este texto al anochecer del domingo– ha llegado a su fin y me parece que debe aceptarlo. No creo en la opción de mantener un espacio libre solo porque sí, en un sitio que la ha censurado y volverá a hacerlo, presionado y acorralado en buena medida por el gobierno. Y menos aún comparto esa posibilidad si Lizárraga y parte del equipo que daba contenido al programa, están fuera.
El argumento de Los Vargas de que Aristegui cometió abuso de confianza utilizando la marca MVS para suscribir la plataforma Mexicoleaks es legal, pero tramposo: Los Vargas saben que una condición irrenunciable de Aristegui es y ha sido siempre, ahí y en todos los espacios que ha ocupado, la independencia editorial para decidir qué asuntos investigar y presentar a la audiencia, cómo hacerlo y tomar otras decisiones. Así lo ha definido siempre y así se lo han aceptado.
Esta circunstancia abre una oportunidad para el periodismo y para los periodistas. Para que haya menos periodismo de denuncia y más periodismo de investigación.
–Carmen, perdóneme, pero usted no es periodista.
Dijo Scherer hace unos años y ahora es oportuno reflexionar sobre el polémico juicio formulado por el más polémico de los periodistas mexicanos.
¿Carmen Aristegui es periodista?
Se puede decir que Aristegui es más periodista que muchos que se dicen periodistas porque se codean con el poder, obtienen información privilegiada, reciben un trato privilegiado y hacen del periodismo un negocio. O se puede decir que no es periodista porque no hace periodismo en la concepción que se tiene del periodismo más clásico.
Creo que Scherer estaba en lo cierto –así la veía desde su propia definición de periodismo– pero estaba equivocado.
Aristegui no es quizá una periodista de cuerpo completo, una de esas que recorren un país y otro entrevistando personajes, reportando guerras, investigando y obteniendo documentos, escribiendo crónicas en sitios peligrosos, entrando y saliendo de las entrañas del poder para contarlo. Pero representa, en contraste, una concepción moderna del periodismo: lejos del poder y cerca de la sociedad.
¿Qué representa este episodio para el país y el periodismo?
El descubrimiento de que hoy más que nunca el periodismo debe ser un experimento donde se funden y complementen distintas características y habilidades, ante el acoso del poder para acallar el periodismo independiente.
¿Podría haber existido el gran reportaje de la Casa Blanca sin el trabajo de periodismo de investigación riguroso y de largo aliento de Lizárraga, Huerta y Cabrera?
No.
¿Podría haberse conocido el gran reportaje de la Casa Blanca sin la decisión de Aristegui de utilizar su espacio para detonar estos asuntos?
No.
¿Son más periodistas unos que otros?
No.
Son complementarios.
“El tema de la censura está ahí y el de la autocensura más”, me dijo Aristegui en la entrevista para Gatopardo. “Pese a la reforma en telecomunicaciones tenemos un sistema duopólico que no favorece el ejercicio libre del periodismo y las ideas. Ya veremos si la digitalización le da a México un modelo distinto”.
En estos momentos de definiciones para el periodismo me hago una pregunta capital:
¿Por qué Aristegui no se prepara para abrir cuando las condiciones se lo permitan su propio espacio radial, en vez de caer en un conflicto tras otro con empresarios que solo ven por sus intereses y no por el interés del país?
Es muy posible que en el momento de la lectura de este texto haya sucedido que Aristegui esté fuera una vez más de la radio o –altamente improbable– que MVS reinstale a Lizárraga y Huerta y retire el documento que impone condiciones a su trabajo, una carta abierta para censurarla.
Lo que suceda o haya sucedido con Aristegui representará algo clave: la voluntad del gobierno de Enrique Peña Nieto a aceptar o no el periodismo crítico e independiente y sus consecuencias.
Aristegui es con seguridad la más visible, pero no es la primera ni será la última periodista censurada en este país. Los medios están repletos de periodistas afines al poder y las calles llenas de periodistas cuya crítica e independencia les niegan espacios en la mayoría de medios
Periodistas como Daniel Lizárraga, director de orquesta en la investigación de la Casa Blanca, que todos los días, desde donde se encuentren, darán la batalla por cambiar y hacer de México un mejor país.

viernes, 9 de enero de 2015

Ayotzinapa


Este artículo de Jorge Zepeda Patterson,  en el diario español "El País", se presenta un análisis sobre el caso de los 43 normalistas desaparecidos en Ayotzinapa basado en los datos aportados por científicos de la UNAM. Muy recomendable esta aportación en la que al parecer lo que está funcionando es "... la maquinaria del Gobierno mexicano a tope para impedir que se ventile un crimen de Estado."

Dos toneladas sin respuesta

jueves, 27 de noviembre de 2014

Situación real de las protestas en el país



Les compartimos éste interesante artículo de Lorenzo Meyer aparecido en el periodico Reforma.

Discurso y realidad muy cargados

AGENDA CIUDADANA / Lorenzo Meyer
27 Nov. 2014

· HISTORIA

Hay términos que tienen significados que no están registrados en diccionarios. Y es que el sentido de esos términos depende de su asociación con experiencias concretas, por tanto, el discurso político debe de tener siempre en cuenta cuál es la carga histórica del lenguaje que emplea y en qué circunstancias lo emplea.


· 'DESESTABILIZAR', 'DESORDEN SOCIAL'

El 18 de noviembre, a la vez que su esposa intentaba justificar la posesión de una lujosa mansión en una zona habitada por la crème de la crème, el presidente Enrique Peña Nieto (EPN) declaró en tono severo: "Hemos advertido que ...se pretenden hacer valer protestas al amparo del sufrimiento de los padres de familia de Ayotzinapa... Pareciera que [las protestas] respondieran a un interés de generar desestabilización, de generar desorden social y, sobre todo, atentar contra el proyecto de Nación que hemos venido impulsando". La esencia de ese discurso la repitieron quienes rodean a EPN y, lo que es peor, le dio concreción la policía la noche del 20 de noviembre en la capital.

Que un Presidente priista responda a movilizaciones que cuestionan su gestión, insinuando que hay algo en esas protestas que buscan "desestabilizar" y provocar "desorden social", lleva inevitablemente a asociar su lenguaje y acciones con Gustavo Díaz Ordaz y los actos criminales que ordenó en 1968.

Al inicio de los 1960, en Chihuahua y Guerrero hubo protestas contra el sistema caciquil local; inicialmente fueron pacíficas pero la reacción del gobierno las tornó violentas y trágicas. En 1968, la descalificación de la inconformidad estudiantil preparó el terreno para que la Presidencia justificara el poner fin a su desafío mediante un asesinato masivo de inconformes sin tocar la raíz del problema: la naturaleza de un régimen envuelto en un tenue velo de formalismo democrático pero que no podía esconder su esencia autoritaria, generadora de desigualdades sociales y corrupción, aunque aún capaz de algo que hoy ya le es imposible: lograr un crecimiento promedio del 6% anual del PIB y mantener bajo control al crimen organizado.

La "Guerra Fría" y el ambiente anticomunista permitieron a Díaz Ordaz -como a sus antecesores- usar un concepto muy cercano al de "desorden social", el delito de "disolución social" -acuñado al calor de la Segunda Guerra Mundial-, para meter en prisión a quienes les cuestionaban, implicando que detrás de su inconformidad no se encontraban causas reales de insatisfacción con un sistema arbitrario y un poder sin contrapesos, sino meras maquinaciones de comunistas que, usando el "oro de Moscú", financiaban a agitadores apátridas que buscaban destruir a la nación mexicana en aras de los intereses del imperialismo soviético. Es por eso que aquí y ahora acusaciones de "desestabilización" y "agitación social" tienen un pasado y una connotación siniestras. ¿EPN y quienes preparan sus discursos tienen o no noción de lo anterior? ¿Usaron esos términos cargados conscientemente para justificar la violencia de los granaderos en el Zócalo la noche del 20 de noviembre?


· DIAGNÓSTICO

Marchas y protestas públicas como las actuales no son producto sólo del crimen cometido en septiembre por las autoridades en Iguala, sino de la acumulación de agravios del sistema político -inseguridad, brutalidad de autoridades y de sicarios, raquitismo de la economía, desempleo crónico, corrupción abierta e impune, ineficiencia institucional, partidos políticos que consumen recursos públicos a pasto pero son incapaces de cumplir su función, elecciones trampeadas, etcétera- que han desembocado en una "transición democrática" ya sin contenido. La actual inestabilidad mexicana es sistémica, y los responsables no son los que protestan sino aquellos contra los que se protesta.

Es inaceptable fincar el "desorden social" en marchas y protestas. Ese desorden se generó de tiempo atrás por un conjunto de razones estructurales, en particular el inaceptable desequilibrio entre clases y regiones y del que el escándalo de la "casa blanca" presidencial es apenas un indicador. En esta economía de vacas flacas, la acumulación desmedida de los pocos y lo precario de las formas de vida de los muchos son el corazón de un desorden social cotidiano. Los estudiantes de Ayotzinapa, sus familias, el tipo de economía de Guerrero -el reparto tan desigual de las cargas y los beneficios-, son apenas una muestra de lo precario y propenso a la inestabilidad del andamiaje social.

La ausencia de un orden legítimo y viable es, a la vez, causa y efecto del crimen organizado y de la saña de algunas de sus acciones. Ese gran problema es la razón del descontento que hoy impulsa marchas, bloqueos, choques, descrédito de la autoridad y exigencia de cambio de un status quo ya inaceptable para muchos.


· PROYECTO DE NACIÓN

EPN afirmó que alguien está atentando contra el "proyecto de Nación que hemos venido impulsando". Sin embargo, los lemas coreados por quienes hoy protestan pacíficamente muestran que en la calle no se ve otro proyecto que uno diseñado por y para beneficio casi exclusivo de las élites políticas y económicas a costa del interés de la mayoría.

Fuera del círculo del poder no se ve ningún "proyecto de nación" digno del nombre. La esencia del reclamo hoy es justamente que desde la sociedad se formule ese proyecto; uno claro y justo que dé cabida a los millones que hoy están afuera del actual que no es un proyecto nacional sino apenas un arreglo oligárquico.



agenda_ciudadana@hotmail.com

Doctor en relaciones internacionales por El Colegio de México y post doctorado en ciencia política por la Universidad de Chicago. Hasta 2012 fue profesor en el CEI de El Colegio de México y actualmente lo es de la UNAM. Ha publicado 17 libros sobre temas mexicanos y media docena como coautor. Tiene docenas de capítulos en libros y más de un centenar de artículos en revistas. Es comentarista en radio y televisión y Premio Nacional de Ciencias y Artes 2011.

martes, 9 de septiembre de 2014

Pobreza, falta de empleo y crisis económica: ¿hay un futuro para México?

En la pasada EXPO ARU 2014, celebrada en la Ibero México el 27 y 28 de agosto, la Mtra. Ximena Gallegos nos compartió este interesante texto en el panel: Pobreza, falta de empleo y crisis económica: ¿hay un futuro para México?

El tema es la problemática de la migración, escrito por el Dr. Javier Urbano Reyes[1] y la Mtra. Ximena Gallegos Toussaint[2]


Por principio, deseo disculparme por no estar presente en este importante foro. Las labores que realizamos en el PRAMI frecuentemente nos someten a situaciones y compromisos que no respetan la planificación y a veces ni siquiera nuestra voluntad.

Envío respetuoso saludos a nuestro rector, a las autoridades académicas, profesores y  a todos los presentes.

Quisiera comenzar esta presentación con una anécdota. Soy afecto a éstas porque he tenido la oportunidad de dos cosas esenciales en mi vida, de las cuales han salido una enorme cantidad de enseñanzas que han moldeado mi desarrollo personal y profesional: venir de una familia muy pobre, de donde aprendí el valor de la disciplina y la constancia; y en segundo lugar, trabajar desde hace más de dos décadas con una de las poblaciones más vulnerables y frágiles en el mundo como son los migrantes.

La anécdota es esta: en julio de 2009 tuve la primera oportunidad de subirme al tren de migrantes a quien todos los medios y los propios migrantes llaman La bestia. Mi percepción es que su nombre no sólo viene del costo en vidas y mutilados que ha cobrado esta máquina, sino del ruido que hace al avanzar: bufa como un cebú, como un toro bravo, y se sacude; a veces incluso se bambolea hasta medio metro. Pues en este tren me encuentro con uno de mis hermanos migrantes y me cuenta su historia: que ha dejado a sus dos hijos, a su esposa, a sus padres pues en Honduras no hay buenos empleos; él gana menos de 250 pesos por semana (al tipo de cambio por Lempiras, por supuesto) y vive con su familia en casa de sus padres; este dinero sólo le alcanza para dos o tres días. De pronto para en seco la conversación y me hace una pregunta que años después me sigue persiguiendo: ¿tú qué harías si en la mañana se levantan tus hijos y te pidieran pan, leche, huevo, y tú no tuvieras nada qué darles? Y antes de darle yo cualquier respuesta, él la responde: lo que sea necesario, por eso estoy aquí “porque si Dios quiere y me deja llegar a Estados Unidos,  pronto mis hijos van a tener para comer bien todos los días, van a ir a la escuela y van a lograr ser profesionistas.” Aún me conmueve esa última parte: ser profesionistas, y me sacude porque estamos en una universidad en la cual ser profesionistas parece ser de lo más sencillo en tanto que para este migrante es prácticamente la cúspide de su realización personal y familiar. 

Casi 40 horas después de viajar yo desciendo en Coatzacoalcos, Veracruz y él sigue su camino. Si le fue bien, mal  o peor, no lo sé. Tengo fe (sentimiento nada científico por cierto), en que haya llegado con bien a su destino. Me dijo que iba a Florida y que buscaba trabajar de jardinero porque era bueno para esa labor. Lo supongo porque en el camino  hubo tiempo suficiente para recibir una verdadera cátedra sobre flores, plantas, formas de regar, etc.

Lo que quiero decir con esta anécdota es que el encuentro con esta persona y con los ya miles de migrantes con quienes he podido compartir mi vida, tiene como telón de fondo la pobreza y la exclusión, con un pequeño detalle que siempre vale la pena recordar: este “buscador de sueños” no es de las personas más pobres de Centroamérica, como no son los más pobres los que en forma indocumentada salen de sus países en todo el mundo. Los pobres extremos ni siquiera tienen la capacidad de movilidad geográfica, de ahí que el que migra cumple ciertos requisitos que en este momento no se pueden explicar por la premura del tiempo.

Igual que los migrantes centroamericanos, los mexicanos siguen viajando a Estados Unidos expulsados por la misma situación de pobreza. Y reafirmo que siguen saliendo porque se difunde desde hace dos años o más que la migración mexicana ya está casi en punto cero. Yo quisiera ver si los que hacen datos se han acercado a los albergues para migrantes, especialmente en la frontera norte o si han reparado en la cantidad de migrantes que ha expulsado el deportador en jefe (Barack Obama): casi 2.5 millones en toda su gestión. Y contando.

Valgan estas reflexiones para comentar sobre algunos temas, retos o pendientes que el país tiene en su condición de país de de origen, tránsito o recepción y su vínculo con la materia que nos convoca como lo es la pobreza y la crisis:

1.- La reflexión sobre el contexto en el cual se busca democratizar al acceso a los bienes básicos para el desarrollo

2.- Los pendientes internos –la mayor parte de ellos vergonzosos- en relación a nuestras perspectivas de bienestar y su vínculo con quienes hasta hoy no han recibido la noticia de que “les va a ir bien en un futuro”

3.- Las obligaciones, los deberes que México tiene en materia de desarrollo para con sus vecinos en el mundo, pero en especial con Centroamérica

4.- Los retos de que las propuestas para enriquecer nuestra narrativa no vengan desde “ni de arriba ni de los lados”, sino desde abajo, desde una sociedad que en mi parecer cada vez está más organizada

5.- El papel que debe guardar la universidad, que en muchos casos ha perdido relevancia como centro de debate y aún más como espacio de diseño y gestión de soluciones

1.- La reflexión sobre el contexto en el cual se busca democratizar al acceso a los bienes básicos para el desarrollo. Según informes de OXFAM, casi la mitad de la riqueza planetaria está en manos de sólo el 1% de la población;  la riqueza de este 1% de la población privilegiada asciende a 110 billones de dólares, una cifra que es 65 veces mayor al total de la riqueza que posee la mitad más pobre de la población planetaria.

Viendo estas cifras, ¿es de verdad viable pensar en una distribución más democrática de los satisfactores cuando la propia naturaleza del modelo de desarrollo –del cual nuestros gobiernos son fervientes seguidores- es exactamente lo contrario a la distribución igualitaria?

Los esfuerzos por reducir las brechas de desigualdad en el mundo en lo general y en México en lo particular pasa no solamente por procesos productivos. Es más, yo creo que ni siquiera pasa por eso en forma primaria. Creo que ese cambio de narrativa productivista pasa por la educación, es decir, formar a nuestros jóvenes en la solidaridad y en el humanismo, pero sin perder la necesaria atención al mercado, pero desde una orientación ética en la cual la rentabilidad sea vasallo y no rey, en los objetivos de desarrollo. En muchos casos formamos alumnos “con la vista puesta en los espectadores” y peligrosamente orientados hacia sí mismos. Valga el ejemplo de que muchos profesionistas con quienes he convivido piensan que los migrantes, nacionales o extranjeros, traicionan a su país y que abusan de la seguridad social o peor aún: que la política pública no tiene porqué meterse en este asunto porque primero son los mexicanos y luego los demás.

2.- Los pendientes internos –la mayor parte de ellos vergonzosos- en relación a nuestras perspectivas de bienestar y su vínculo con quienes hasta hoy no han recibido la noticia de que “les va a ir bien en un futuro”. México, dicen los informes, tiene 5.5 millones de analfabetos; tiene un nivel educativo –véase los registros PISA- que no invitan al optimismo; más de 34 millones tiene rezago educativo; 8 de cada 10 indígenas no cuentan con educación básica, de lo que se desprende naturalmente que en tanto el 17 por ciento de la población del país ingresa a educación universitaria, en el caso de la población indígena sólo lo hace el 1 por ciento. Cifras más claras no puede haber: la política pública educativa no sólo tiene graves fallas, también tiene tufo racista.

3.- Las obligaciones, los deberes que México tiene en materia de desarrollo para con sus vecinos en el mundo, pero en especial con Centroamérica, con quienes tenemos muchas deudas históricas. México hace tiempo que aceptó el discurso del mundo desarrollado en relación a las poblaciones migrantes: el éxito de una política migratoria sólo puede ser medido desde el principio de la contención: el aumento del número de deportaciones, el diseño de un programa denominado Frontera Sur que en nada abona a la reducción del sufrimiento de las personas que pasan por la frontera con Centroamérica; las advertencias de la autoridad de que se prohibirá a los migrantes subirse a La bestia, no permite identificar nada que se parezca a una política humanitaria, solidaria, de acompañamiento. Para los que hemos pasado más de una década trabajando en la frontera sur y sureste, las políticas anunciadas por este gobierno sólo han tenido a un ganador: los traficantes de personas, el crimen organizado que se dedica a la trata. Entre más dificultades para el tránsito, más caros los “servicios” de traslado y con ello más ganancia, más plusvalía para la venta de carne humana. Valga este ejemplo: hace cerca de 15 años el paso en la frontera norte desde el centro del país no rebasaba los 1,000 dólares; después del inicio de los operativos de frontera, el aumento del presupuesto para la Border Patrol y el incremento de personal de contención, el tráfico de migrantes elevó su costo de 1,000 a más de 5,000 dólares, llegando incluso hasta los 7,000 según el grado de seguridad que tenga capacidad de pagar el cliente.

Este mismo fenómeno es el que se desarrolla en la frontera sur de México: a principios de este siglo los migrantes llegaban a necesitar menos de 300 dólares para pasar por la frontera mexicana. Hoy no se puede con menos de 1,500 ó 2,000 dólares sólo para llegar a la frontera sur de Estados Unidos, ello sin contar con el masivo mercado paralelo que estas personas generan en su paso: la señora que vende agua a los nacionales a 10 pesos y que a los migrantes se las vende en 50; el transporte público que para el mexicano cuenta 8 pesos para el migrante es de 35 pesos, amén de la extorsión de sufren de parte de funcionarios en sus diversos niveles. En fin, que el migrante como mercado y como mercancía no tiene desperdicio.

Y sin embargo, pese al aumento irracional de los delitos contra estas personas, los asesinatos, las violaciones, los delitos de trata, los mutilados o los niños en tránsito, nuestras autoridades no pueden o no quieren aceptar que las políticas de contención no reducen la vulnerabilidad, sino que la aumentan, que la única forma de enfrentar esta problemática es enunciando y respetando los dos principios básicos de la movilidad humana: proteger el derecho a migrar, pero sobre todo, promoviendo el derecho a no migrar a través de programas de desarrollo, financiando iniciativas de recuperación del tejido social, potenciando el intercambio educativo y la transferencia tecnológica. En los estudios sobre desarrollo se dice que construyendo una escuela se deja de construir una cárcel, pero esto requiere planificación, gestión, evaluación, y todo ello junto supone años, décadas, pero las décadas no contabilizan votos: parece ser que lo único útil en política es lo de corto plazo y por ello si no es rentable inmediatamente, ¿para qué hacer acciones, y si son acciones para una población que ni siquiera es nacional, qué utilidad tiene?; y entre tanto, se sigue justificando la creación de centros de detención, de estaciones migratorias, colocación de bardas y vallas.

Pensemos también en la economía que genera la movilidad de las personas migrantes, un negocio muy atractivo para muchos. En la travesía por México hacia Estados Unidos,  los cerca de 400 mil migrantes que cada año recorren esta ruta, dejan millones de dólares a múltiples actores con los que se topan en el camino, incluyendo autoridades, población civil y crimen organizado. Valga como ejemplo el siguiente testimonio:

Tengo dos meses y medio de viaje. Salí de Choloma y tomé un camión que me llevó hasta Tecún Umán (Guatemala), por ese viaje pagué dos mil lempiras (poco más de 1200 pesos). Para cruzar el río y llegar a México no pagué, porque me lo eché nadando. Agarré la combi para Tapachula, me cobraron 500 pesos, íbamos como 15 migrantes. En Arriaga (Chiapas) me subí al tren. Ahí la mafia, me cobró cien dólares; pagué otros cien en Tierra Blanca (Veracruz) y otros cien más adelante, ya no me acuerdo cómo se llama el lugar…

El negocio es grande y diverso[3].

Hay que pagar para todo: para cruzar, para subirse al tren, para comer (los vendedores les suben los precios), para moverse, para que lo dejen en paz, para que la policía y demás autoridades no lo golpeen ni lo detengan (cuando no es un delito ser indocumentado),  hasta por ser mujer hay que pagar con el cuerpo.

El migrante es despojado del poco dinero que trae y del que gana trabajando en el camino. Su detención y deportación (de acuerdo al INM se realizaron 40, 092 retornos asistidos entre diciembre 2012 y junio 2013 a Centroamérica)  también significa ganancia económica.

La empresa de autobuses turísticos Space Tours, de Adán José Lecona Guizar, ha firmado desde el 2003 varios contratos con el INM para reptatriarlos. En el 2012 obtuvo tres contratos por más de 15 millones de pesos. En 2013 por el servicio de traslado durante un mes recibió 3 millones 819 mil 864 pesos. A principios del 2014 obtuvo de manera directa un contrato para todo el año por 37 millones 542 mil 229 pesos.

Otra empresa que goza del negocio de repatriar migrantes el Pullman de Chiapas que, de manera directa, recibió del INM un contrato de 78 millones 420 mil 676 pesos[4].

Las políticas de migración se basan en la seguridad y en la facultad que tienen los estados para controlar los flujos migratorios, dejando de lado la protección de las personas migrantes, que por el hecho de serlo, representan uno de los grupos de población más vulnerables. Esta protección universal, sustentada en múltiples instrumentos internacionales de derechos humanos debiera regir las políticas públicas. No solamente las de migración, sino las políticas públicas para el desarrollo, que permitan a las personas realmente decidir si migran o no y esto sólo es posible cuando se pueden ejercer las capacidades humanas, esto es, como dice Martha Nussbaum, lo que la gente puede hacer y quiere ser en concordancia con una vida digna.

Las personas migrantes que tienen una vida, un proyecto para salir adelante trabajando, se topan con la extorsión por parte de funcionarios mexicanos, de civiles, de pandillas y  del crimen organizado en total impunidad. Todo esto sucede en un país democrático, en el que se prohíbe la discriminación y se proclama la máxima protección para todas las personas de acuerdo al principio pro persona (significa que todas las autoridades están obligadas a garantizarlo). En un país en donde no tener papeles es una falta administrativa, no un delito y por tanto, la detención o “alojamiento”, como dice la ley, debiera ser una excepción, no la regla.

Decidir (si cabe esta palabra en un contexto de circunstancias forzosas) dejar el hogar para buscar una mejor vida y moverse entre fronteras cruzando México, es el viaje más caro. No sólo por el esfuerzo económico, la explotación y despojo al que se someten los migrantes, sino porque muchas veces el viaje se paga con la integridad y hasta con la vida y la vida no tiene precio.

4.- Los retos de que las propuestas para enriquecer nuestra narrativa no vengan desde “ni de arriba ni de los lados”, sino desde abajo, desde una sociedad que en mi parecer cada vez está más organizada. En nuestro espacio de labor, la atención a las poblaciones migrantes, se nota un gran activismo, un gran entusiasmo por proponer alternativas, nuevas narrativas a la atención a las poblaciones empobrecidas; se comienzan a ejecutar desde la base proyectos de desarrollo local en poblaciones ignoradas permanentemente por las políticas de desarrollo gubernamentales; sin embargo, siguen siendo pocas y descoordinadas; la capacidad de la sociedad civil organizada para influir en la reorientación de la política pública sigue siendo muy deficiente y en diversos casos poco operativa porque en muchas ocasiones prima la urgencia de  sobrevivir de parte de la ONG’s antes que el que el fortalecimiento de las iniciativas con otras organizaciones homólogas. Sin embargo, se aprecia un camino consistente, una agenda cada vez más sólida, pero con los retos ya enumerados atrás.

5.- El papel que debe guardar la universidad, que en muchos casos ha perdido relevancia como centro de debate y aún más como espacio de diseño y gestión de soluciones. Es cierto, debemos reconocerlo, la universidad ha perdido parte de su papel como espacio de creación, se ha reducido su importancia como actor que propone soluciones a los grandes problemáticas del país; el sistema de incentivos a los investigadores en mi opinión favorecen la paranoia del número por encima del impacto social del proyecto. Me explico con preguntas: ¿los artículos dictaminados a cuántos puntos valen?; ¿cuántos puntos vale un libro?; ¿cuántos puntos vale un congreso, una dirección de tesis doctoral?, pero las respuestas que se puedan dar en todos los casos son intermedias, dado que la siguiente batería de preguntas podrían versar sobre: ¿qué variable de desarrollo impactó con su investigación, cómo contribuyó el artículo al rediseño de una estrategia, una acción? Y si fuera el caso, ¿cuántas personas fueron beneficiadas con su proyecto, su patente?

Finalmente, desde el Programa de Asuntos Migratorios, desde nuestro espacio de trabajo, creemos que la pobreza, la  exclusión, no puede ser interpretada desde el principio de la fronterización: no es un asunto sólo de México, de sus límites territoriales. Creemos que la reducción de esta grosera brecha entre pobres y privilegiados pasa por reconocerlo como un reto global, y que por lo tanto su atención debe sentarse en la formación de redes en el mismo sentido global, es decir, problemas globales que requieren talentos locales, no somos una isla y por tanto nuestra responsabilidad pasa por el mundo, aunque las soluciones terminen siendo operadas en la localidad.

Muchas gracias por su atención

Dr. Javier Urbano Reyes y Mtra. Ximena Gallegos Toussaint
Programa de Asuntos Migratorios (PRAMI)




[1] Es coordinador del Programa de Asuntos Migratorios (PRAMI)
[2] Es investigadora del Programa de Asuntos Migratorios (PRAMI), presentó la ponencia en representación de Javier Urbano.
[3] Gómez Durán, Thelma y Castillo, Alonso , “Vivir de los migrantes” disponible en http://enel camino.periodistasdeapie.org.mx/historia/vivir-de-el-los-migrantes/

[4] Ibid.