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martes, 14 de abril de 2015

Eduardo Galeano: El trabajo y la dignidad humana

"Este bello y poderoso texto fue leído por Eduardo Galeano en la sesión magistral de clausura de la VI Conferencia Latinoamericana y Caribeña de Ciencias Sociales, llevada a cabo del 6 al 9 de noviembre de 2012 en la Ciudad de México. Más de 5 mil participantes, gran parte de ellos jóvenes, acompañaron su presentación en aquellas jornadas promovidas por el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) y laUNESCO."

Eduardo Galeano El Trabajo y la Dignidad Humana

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Vicente Leñero



Vicente Leñero, fundador de la revista Proceso, murió este miércoles.
Era considerado uno de los autores más importantes del medio siglo XX mexicano.
Fue un polifacético autor que lo mismo ha abordado con éxito la novela, el teatro, la crónica, el cuento y el guión cinematográfico, además de ser maestro de varias generaciones de periodistas.
Ha escrito en total 20 guiones de cine, una decena de novelas, 14 otras de teatro y tres compilaciones de cuentos, lo que ha decir de sus colegas lo convierte en un escritor profesional.
Nació en Guadalajara, Jalisco, el 9 de junio de 1933.
De acuerdo con sus biógrafos, se graduó en la Universidad Nacional Autónoma de México en 1959, con el grado de ingeniero civil, pero Leñero pronto se refugió en la escritura. 
Estudió en la Escuela de Periodismo Carlos Septién García.
Su primera novela fue “La polvareda” que le publicó Editorial Jus; luego vendría “La voz adolorida” (1961), el monólogo de un enfermo mental en torno a la vida, con el que muestra el realismo psicológico de sus primeros escritos.
En 1963 vinieron “Los albañiles”, que le valió el Premio Biblioteca Breve. El trabajo narra la historia de un velador en una construcción.
Poco después Leñero empezó a escribir guiones teatrales, adaptando “Los albañiles”, en 1970; “La carpa”, en 1971, y “Los hijos de Sánchez”, de Oscar Lewis, en 1972.
Se dice que influyó en el inicio del género documental del teatro en México, y dos de sus trabajos notables son “Pueblo rechazado” y “El juicio”.
En los años 80, Leñero publicó con éxito varios libros documentales, como “La gota de agua” y “Asesinato”.
Leñero también incursionó en otros géneros. Fue guionista de la película “El crimen del padre Amaro” (2002), una de las películas mexicanas más exitosas; y como periodista ha publicado para el diario Excélsior y en las revistas Claudia y Proceso.
Su paso de Excélsior a Proceso, éste último medio lo relata así: “En 1976, Vicente Leñero condenó el llamado golpe a Excélsior asestado por el gobierno de Echeverría contra la dirección de Excélsior que, con Julio Scherer García al frente, había iniciado un periodismo crítico de enorme rigor. El 8 de julio de ese año Leñero fue uno de los más de 200 miembros de la cooperativa Excélsior que respaldó a Scherer, quien de inmediato se alistó para responder al régimen con una nueva publicación: la revista Proceso”.
En la revista, su entrevista con el subcomandante Marcos alcanzó difusión internacional en 1994.
Por toda su incansable trayectoria, recibirá un homenaje este jueves en Bellas Artes.

martes, 8 de julio de 2014

El mundo hiere: literatura y realidad

El mundo hiere

En este artículo se reflexiona sobre la susceptibilidad de los alumnos universitarios ante ciertos textos de la literatura universal que nos confrontan con la realidad

jueves, 24 de abril de 2014

Elena Poniatowska, la mexicana del Cervantes


"El poder financiero manda
no sólo en México
sino en el mundo.
Los que lo resisten,
montados en Rocinante y
seguidos por Sancho Panza
son cada vez menos.
Me enorgullece caminar al lado de los ilusos,
los destartalados, los candorosos"
Elena Poniatowska


Con la entrada de este día, recogemos una de las crónicas que ofrece el diario El País sobre la entrega del Premio Cervantes de Literatura a la escritora y periodista mexicana Elena Poniatowska.

Esperamos que les resulte de interés y también puedan compartirla:


En esa crónica encontrarán el enlace para la descarga del discurso completo de Elena Poniatowska al recibir el premio más importante de las letras españolas que les recomendamos ampliamente. 



Sus comentarios y reflexiones siempre son bienvenidos

martes, 22 de abril de 2014

jueves, 3 de abril de 2014

La cultura como arma para salir de la barbarie

La práctica de la cultura ayuda a salir de la barbarie, la creación no tiene ni entiende de fronteras y el arte debe ayudar a despertar las conciencias. Estas son tres de las ideas que recalcaron Gao Xing Jian, el Nóbel de literatura chino, y Sergio González Rodríguez, periodista y escritor mexicano en la primera jornada del segundo ciclo del VII Festival Internacional de las Letras de Bilbao, que se celebra del 3 al 6 de abril.

Con esta entrada les compartimos la reseña de la primera jornada de este prestigioso festival literario:

Sus comentarios y reflexiones siempre son bienvenidos


miércoles, 2 de abril de 2014

OCTAVIO PAZ, UN INTELECTUAL COMPROMETIDO CON LA POESIA POR HECTOR TAJONAR




Octavio Paz se ha convertido en la referencia intelectual del siglo XX mexicano. “Hijo de la Revolución Mexicana”, como él mismo afirmó, la vida de Paz acompaña a la definición del México moderno, en sus formas artísticas y políticas. Testigo de un álgido periodo histórico, desde temprana edad Paz se interesó en la transformación del hombre por medio de la poesía, y en la transformación de las sociedades por medio de la política. En su obra buscó fusionar esos dos grandes pilares del quehacer humano y, en ese intento, dio forma y sustancia a muchos de los debates intelectuales y artísticos de su época. Sintetizó los dilemas de su tiempo pero tuvo siempre la capacidad crítica para mantenerse al margen de los dogmas políticos y centrar sus convicciones en la capacidad transformadora del lenguaje.
A sus 23 años, Paz publicó el poemario Raíz del Hombre. Jorge Cuesta, poeta del grupo Contemporáneos, advirtió desde ese momento la sinceridad apasionada de las inquietudes intelectuales del joven poeta y afirmó que la poesía de Paz “no se resiste a una pasión de recomenzar, de repetir, de reproducir una voz de la que no llega a salir la satisfacción esperada por la impaciencia que la golpea. El efecto de esta violencia es que sus sentimientos destrocen las formas que lo solicitan, aunque sin apagarse, y como enloqueciendo. Pues, su pasión no parece haber alcanzado su objeto hasta que no lo destruyó, hasta que no pudo vagar, desatada, por las ruinas, por los escombros, por las cenizas de lo que la contiene sin agotarla. Pero quizás es más propio que digamos que es su objeto el que renace incesantemente de sus restos, y el que no deja de absorberlo. Y que la nota más característica de su poesía es una desesperación, que no tardará en precisarse en una metafísica, esto es, en una propiedad, en una necesidad del objeto de la poesía y no en un puro ocio psicológico del artista”. Pocas observaciones más precisas y visionarias de lo que sería la obra de Paz, envuelta en la constante batalla entre los opuestos, en las ambivalencias, en el lenguaje que cae y renace, y en los mundos que se crean a partir de la destrucción de otros mundos. Todos ellos elementos presentes en el arte prehispánico y en la filosofía china que Paz tanto admiró.
El mismo año en el que Cuesta publicó su reseña de Raíz del Hombre, el joven Octavio Paz fue invitado por Neruda a participar en el Segundo Congreso de Escritores Antifascistas en España. El tema del Congreso, en plena Guerra Civil, fue la lucha contra el fascismo bajo el título “libertad por la cultura”. La experiencia fue decisiva para el poeta. No sólo quedó convencido de su vocación hacia las letras sino también de la responsabilidad que dicha vocación implicaba en términos de independencia crítica. Enfrentó la verdad de la guerra y la casi obligada “toma de partido” -- que llevó a muchos de sus amigos a ingresar al Partido Comunista -- y percibió que su generación estaría marcada por la violencia resultado de los conflictos políticos.
Nacido en plena Revolución Mexicana, el mismo año del inicio de la Primera Guerra Mundial, testigo la Guerra Civil Española y de la Segunda Guerra Mundial, Paz fue observador temprano de la conversión catastrófica, tan propia del siglo XX, de ideología política en dogma. Influido por el pensamiento de Albert Camus, se convirtió en uno de los primeros críticos del socialismo real y de las políticas represivas de la Unión Soviética, a diferencia de tantos intellectuels engagés que fueron seducidos por ese opio que Raymond Aron criticó. Para Paz, la poesía fue el instrumento transgresor por excelencia; manifestación artística verdaderamente necesitada de libertad y espíritu crítico, de diálogo, de cuestionamiento y de renovación guiada no por las armas sino por el pensamiento y el lenguaje.
A mediados de siglo, casi recién llegado a París como parte del servicio diplomático, Paz escribió uno de los ensayos que lo consagrarían como escritor y como intelectual de la modernidad y de lo mexicano: El Laberinto de la Soledad. Ese retrato del mexicano fue al mismo tiempo una crítica. El mexicano, “ser insondable…enigma de muchos rostros” se ahogaba en el grito afónico del “Viva México hijos de la chingada,” reflejo de una sociedad servil y pasiva envuelta en la negación de sí misma. La crítica fue fulminante. México estaba en ebullición y, menos de dos décadas después, Paz renunciaría como Embajador de México en la India en respuesta a la matanza de Tlatelolco, asumiendo firmemente su sentido del deber como intelectual crítico.
Existe otra dimensión de la obra de Paz que constituye el eje de su relación con el lenguaje y con la poesía: el erotismo. Para él, el erotismo “es el reflejo de la mirada humana en el espejo de la naturaleza…no es una simple imitación de la sexualidad, es su metáfora.” Fue a partir de su contacto con Oriente que Paz desarrolló plenamente el erotismo en su obra poética. Muchos orientes bajo la forma del budismo, el hinduismo, y la poesía china y japonesa influirían su obra de manera decisiva y se traducirían después en ensayos como Conjunciones y Disyunciones y en una de sus obras más fascinantes: El Mono Gramático. En esta última, que consiste en un recorrido imaginario por la India, donde no hay tiempo y donde el único personaje es el lenguaje, se encuentran algunos de los pasajes eróticos más importantes en lengua española. Paz renueva la estética del cuerpo, renovando al mismo tiempo la narrativa. Hace poesía de la prosa y la forma pasajera se vuelve permanente. La palabra se hace significado, las dualidades se convierten en fusiones y las sombras se vuelven transfiguraciones…“espesura indescifrable de líneas, trazos, volutas, mapas: discurso del fuego sobre el muro. Una superficie inmóvil recorrida por una claridad parpadeante: temblor de agua transparente sobre el fondo quieto del manantial iluminado por invisibles reflectores. Una superficie inmóvil sobre la que el fuego proyecta silenciosas, rápidas sombras convulsas: bajo las ondulaciones del agua clarísima se deslizan con celeridad fantasmas obscuros. Uno, dos, tres, cuatro rayos negros emergen de un sol igualmente negro, se alargan, avanzan, ocupan todo el espacio que oscila y ondula, se funden entre ellos, rehacen el sol de sombra de que nacieron, emergen de nuevo de ese sol – como una mano que se abre, se cierra y una vez más se abre para transformarse en una hoja de higuera, un trébol, una profusión de alas negras antes de esfumarse del todo. Una cascada se despeña calladamente sobre las lisas paredes de un dique. Una luna carbonizada surge de un precipicio entreabierto. Un velero con las velas hinchadas echa raíces en lo alto y, volcado, es un árbol invertido. Ropas que vuelan sobre un paisaje de colinas de hollín. Continentes a la deriva, océanos en erupción. Oleajes, oleajes…las sombras se enlazan y cubren todo el muro. Se desenlazan. Burbujas en el centro de la superficie líquida, círculos concéntricos, tañen allá abajo campanas sumergidas. Esplendor se desnuda con una mano sin soltar con la otra la verga de su pareja. Mientras se desnuda, el fuego de la chimenea la cubre de reflejos cobrizos. Ha dejado su ropa al lado y se abre paso nadando entre las sombras…”
Es así que Paz se revela ante nosotros como la encarnación del poeta intelectual inmerso en un ejercicio constante por cuestionar su origen, por pensar al mexicano a lo largo de su historia sin dejar de pensarse como un individuo universal. Fue, ante todo, un poeta pero también un pensador. Figura central en la definición y crítica del México del siglo XX, Paz transgredió los límites de los géneros literarios y del lenguaje. Se preocupó por preservar la lengua transformándola, llevándola a los límites, dando así continuidad y transparencia renovada a las palabras y a los cuerpos.
Colaborador:


martes, 4 de febrero de 2014

jueves, 30 de enero de 2014

El humanismo literario de Pacheco

Tras la desafortunada desaparición de José Emilio Pachecho, durante estos días hemos tenido la oportunidad de descubrir diferentes acercamientos sobre su persona y su obra. Con ese ánimo, les compartimos ahora este artículo de Enrique Krauze publicado en el diario El País:


Sus comentarios y reflexiones son bienvenidos.